
Por Thomas Cohen, fundador de Maestro
Pagar una suscripción por un proyecto que ya no usas: las aplicaciones dormidas
Cinco aplicaciones nunca publicadas, cuatro abandonadas desde hace semanas y un contador que sigue avanzando. Lo que cuesta un proyecto que ya no abres, lo que compra ese gasto y el momento en que deja de comprar nada.
Pagar una suscripción por un proyecto que ya no usas tiene un costo medible. Un usuario de Lovable cuenta en Reddit (r/lovable, junio de 2026) que cinco aplicaciones nunca publicadas, cuatro de ellas abandonadas desde hace uno o dos meses, consumen 2,67 créditos al día: una proyección de 80 créditos al mes sobre una asignación Pro de 100.
Una aplicación que duerme sigue funcionando
Un proyecto alojado en el proveedor sigue encendido. La dirección responde, la base espera una consulta y la vista previa se despierta con la mínima visita. El mismo usuario escribe que preguntó si podía suspender sus proyectos inactivos: soporte respondió que no, debía aceptar el consumo o eliminar los proyectos, y eliminarlos equivalía a tirar el tiempo y los créditos ya gastados. Entre ambos, ningún botón.
El contador avanza sin decir por qué
Otro usuario de la misma plataforma hizo cuentas de tres meses (r/lovable, septiembre de 2026): 1 364 créditos en los últimos 30 días frente a 2 389 en 90, es decir, el 57 % de su consumo trimestral concentrado en el último mes. Revisando 20 intercambios uno a uno, llega a 14,07 créditos por mensaje, de 8,9 a 21,1 según el intercambio, que traduce como el 70,4 % de una asignación mensual de 400 créditos para veinte interacciones. Escribe: «¿Por qué estamos tan a oscuras?» El proyecto dormido plantea la misma pregunta desde el otro extremo, la que ya exploramos sobre lo que consume un agente: detener un gasto que no se ve.
La trampa está en cómo probamos ideas. Se prueban tres para conservar una, lo que es sano, salvo que las dos abandonadas siguen encendidas y facturadas igual que la que funciona. Ninguna línea de tu extracto lleva la mención «proyecto abandonado en marzo». Ves un total mensual estable, algo más alto cada trimestre, y hace falta una tarde de cuentas para descubrir que la mitad paga aplicaciones que ya nadie abre.
Lo que te devuelve el alojamiento a cambio
Ese gasto compra algo. Una aplicación que sigue en línea durante tus vacaciones, una dirección que tus clientes encuentran, copias de seguridad y parches de seguridad instalados por el proveedor sin que tengas que pedirlos. Para una tienda o una herramienta que tus equipos abren a diario, el servicio es real y cobrarlo es defendible. El cálculo se invierte en los proyectos que no has tocado desde hace dos meses: pagas un servidor para esperar una visita que no llega y no puedes marcharte con ellos sin perderlo todo.
Un proyecto cerrado que no consume nada
Maestro aborda el problema desde el otro extremo: el código y los documentos de tus proyectos viven en tu Mac. Cerrar un proyecto lo deja en tu disco, sin un servidor encendido para él y sin créditos que se gasten, y no hay que eliminar nada para interrumpir el gasto. El trabajo de los agentes se paga según el plan del asistente: una suscripción puede seguir cobrándose aunque no trabajes, mientras que una API factura el consumo. El gasto de IA de nuestros ensayos no es un presupuesto total; añade la validación, el mantenimiento y los servicios o el alojamiento del producto publicado, que pueden seguir facturándose aunque cierres un proyecto en Maestro. Un proyecto reabierto dentro de seis meses te espera en el mismo lugar, con su documento de requisitos y el historial de sus versiones.
A cambio, Maestro termina en el código de tu equipo. El día en que tu aplicación deba responder a tus clientes desde una dirección pública, necesitarás un alojamiento y ese proveedor cobrará su servicio como los demás. La división está ahí: tus pruebas y borradores no cuestan nada mientras duermen; lo que publicas cuesta lo que cuesta. Las herramientas que han añadido un límite de gasto tratan la otra mitad del problema, la del trabajo en curso. Esta diferencia tiene una contrapartida que asumimos: nada funciona durante tu ausencia, así que nada se actualiza solo y nadie vigila tu aplicación por ti. Un proyecto que duerme en tu equipo duerme de verdad, incluidas las actualizaciones de seguridad, y te corresponde reabrirlo antes de volver a ponerlo en servicio.
Hacer cuentas esta noche
Abre la lista de tus proyectos y anota para cada uno la última fecha en que lo abriste. Los que superen dos meses forman tu factura dormida. Después pregunta por escrito a tu proveedor cuánto consume al día un proyecto inactivo y si existe un modo de suspensión: la pregunta es legítima y la respuesta escrita te servirá. Multiplica por doce, compara con el precio de conservarlo todo y, para los que nunca volverás a abrir, recupera el código en tu equipo antes de cerrar la línea de suscripción.